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sábado, octubre 16, 2021

Un estudio advierte que el riesgo cardiovascular frena el crecimiento de la esperanza de vida

Una investigación apunta a que el riesgo cardiovascular frena el crecimiento de la esperanza de vida (Shutterstock)
Una investigación apunta a que el riesgo cardiovascular frena el crecimiento de la esperanza de vida (Shutterstock)

Mientras la obesidad y la hipertensión se han convertido en factores de alto riesgo de COVID-19, la revista del Colegio Americano de Cardiología acaba de publicar los datos referidos a su último relevamiento, un estudio encabezado por Gregory A. Roth para un equipo de la Universidad de Washington, Seattle, donde certifica que, por sí mismas, sin influenciar la experiencia COVID, son una amenaza esencial para la población. De hecho, destaca que la hipertensión fue origen de una de cada cinco muertes en el pasado año.

La pandemia ha generado un escenario complejo al ponerse delante de la escena de salud. Mientras advierte de algunas consecuencias en torno a los riesgos más fuertes que enfrenta la salud con el coronavirus y la preponderancia de ciertas patologías para contagiarse, detrás se siguen produciendo las enfermedades “tradicionales”, las que eran de atención antes de que este fenómeno se desatara.

Así lo consideran los autores de un amplio estudio epidemiológico que toma el pulso a la salud global, cuyos últimos resultados publica The Lancet. El “estudio de la carga mundial de morbimortalidad” analiza 286 causas de muerte, 369 enfermedades y lesiones, y 87 factores de riesgo en 204 países y territorios, bajo la coordinación de la Universidad de Washington (Estados Unidos).

El informe refleja, globalmente, que el aumento de factores de riesgo como la hipertensión, la hiperglucemia, un elevado índice de masa corporal (IMC) y la hipercolesterolemia, junto con el incremento de muertes por enfermedades cardiovasculares en algunos países, parece indicar que el mundo podría estar acercándose a un punto de inflexión en el aumento de la esperanza de vida.

Corazón
El aumento de factores de riesgo como la hipertensión, la hiperglucemia, un elevado índice de masa corporal (IMC) y la hipercolesterolemia reducen la esperanza de vida (Shutterstock)

Este artículo es un trabajo de gran envergadura, resultado de la colaboración que involucra a la revista del Colegio Americano de Cardiología, el Instituto Nacional del Corazón, los Pulmones y la Sangre y el Instituto de Métricas y Evaluación de la Salud de la Universidad de Washington, diseñado para proporcionar información crucial a nivel de población que pueda orientar acción para la prevención, tratamiento y control de ECV y factores de riesgo .

Retroceder en vejez

El mayor efecto acumulativo en la salud proviene del sorprendente aumento de los riesgos metabólicos, que han aumentado un 1,5% anual desde 2010. En conjunto, (IMC alto, hiperglucemia, hipertensión e hipercolesterolemia) representaron casi el 20% de la pérdida de salud en el mundo en 2019, un aumento del 50% desde 1990. También son responsables de un enorme número de muertes a nivel mundial: la hipertensión contribuyó a una de cada cinco muertes (casi 11 millones) en 2019, la hiperglucemia (6,5 millones de muertes), el IMC alto (5 millones) y la hipercolesterolemia (4,4 millones).

En Europa, las causas de la pérdida de la salud son enfermedades no transmisibles, responsables de más del 80% de todas las muertes prematuras y trastornos. Durante las últimas tres décadas, han contribuido a la pérdida de salud en Europa central y occidental la diabetes y la enfermedad de Alzheimer y otras demencias; mientras que en Europa del Este han sido la cardiopatía isquémica, la cirrosis y otras enfermedades hepáticas crónicas.

En cuanto a los principales factores de riesgo de mortalidad, en Europa occidental en 2019 fueron la hipertensión (provocó 787.000 muertes), el tabaco (697.000 muertes), una alimentación inadecuada (546.000 muertes), la hiperglucemia (540.000 muertes) y el índice de masa corporal (406.000 muertes).

Las causas de la pérdida de la salud son enfermedades no transmisibles, responsables de más del 80% de todas las muertes prematuras y trastornos (Shutterstock)
Las causas de la pérdida de la salud son enfermedades no transmisibles, responsables de más del 80% de todas las muertes prematuras y trastornos (Shutterstock)

De los principales riesgos de las enfermedades no contagiosas, solo el tabaquismo ha disminuido de manera considerable. En las iniciativas más importantes para la aplicación de políticas internacionales de control del tabaco, se ha observado una disminución en la exposición al tabaco en casi un 10% a nivel mundial desde 2010, aunque el tabaquismo (fumado, involuntario y masticado) sigue siendo la causa principal de muerte en muchos países de ingresos altos, como Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Japón, Bélgica y Dinamarca en 2019, y causó casi nueve millones de muertes en el mundo.

Una tendencia similar se observa en el ámbito mundial: durante la última década, se han producido aumentos especialmente considerables (más del 0,5% por año, globalmente) de varios padecimientos surgidos de riesgos evitables (obesidad, hiperglucemia, consumo de alcohol y drogas) que están contribuyendo a la creciente concurrencia de las enfermedades no contagiosas. Algunos de esos factores (obesidad, diabetes) están asociados a un riesgo mayor de gravedad y muerte por COVID-19, además.

“No obstante, las enfermedades no solo interactúan con factores biológicos -recuerda Roth, uno de los autores del estudio-, sino también con factores sociales, lo que hace necesario adoptar medidas urgentes para abordar la sindemia de enfermedades crónicas, desigualdades sociales y COVID-19”.

Corazón
Este hallazgo hace necesario adoptar medidas urgentes para abordar la sindemia de enfermedades crónicas, desigualdades sociales y COVID-19 (Shutterstock)

Hablar más allá de lo que se ve

“La mayoría de los factores de riesgo son evitables y tratables, y abordarlos aportará enormes beneficios socioeconómicos. No estamos logrando cambiar los comportamientos poco saludables, en particular los relacionados con la calidad de la alimentación, el aporte calórico y la actividad física, en parte debido a la falta de atención normativa y de fondos para la investigación sobre el comportamiento y la salud pública”, advierte el profesor Christopher Murray, director del Instituto para la Métrica y Evaluación de la Salud de la Universidad de Washington, uno de los directores de la investigación.

Los profesionales advierten en su documento a los sistemas de salud, porque consideran que, en general, no están bien preparados para un aumento acelerado de las enfermedades no contagiosas y sus consecuentes discapacidades. Aunque la esperanza de vida sana -el número de años que se puede esperar que una persona viva con buena salud- ha aumentado de manera constante (más de 6,5 años) entre 1990 y 2019, no ha crecido tanto como la esperanza de vida general en 198 de los 204 países evaluados, lo cual indica que las personas están viviendo más años con mala salud.

Para alguien nacido en 2019, la esperanza de vida sana más baja en Europa se registra en Rusia, con 63,7 años, mientras que Islandia tiene la más alta, con 71,9 años. En España una persona puede esperar vivir con salud durante 71,3 años. Japón, el país más longevo del planeta, registra 87,7 años para las mujeres y 81,9 para los hombres. Estonia ha experimentado los mayores incrementos en la esperanza de vida sana en Europa durante los últimos 30 años, ganando casi siete puntos.

Es recomendable siempre antes de encarar una actividad deportiva la consulta cardiológica, con la realización de un ECG y una ergometría (Shutterstock)
Es recomendable siempre antes de encarar una actividad deportiva la consulta cardiológica, con la realización de un ECG y una ergometría (Shutterstock)

En todo el mundo y por grupos de edades, y circunscriptos a 2019, las causas principales de pérdida de salud variaron. Los accidentes de tráfico, los trastornos de cefalea, el VIH/sida, el dolor lumbar y los trastornos depresivos fueron los problemas de salud predominantes en las personas más jóvenes (de entre 10 y 49 años). En cambio, la cardiopatía isquémica, el accidente cerebrovascular y la diabetes fueron los principales factores que contribuyeron a la pérdida de salud en las personas de 50 años y mayores.

El informe indica que en los últimos 10 años, los países de ingresos bajos y medios han logrado avances extraordinarios frente a enfermedades infecciosas, maternas y neonatales (es el caso de Etiopía, Sudán y Bangladesh). Sin embargo, no están bien preparados para hacer frente a la mayor carga de morbimortalidad causada por enfermedades no contagiosas, y, de hecho, las muertes por esta causa están en aumento.

En cambio, las mejoras en salud han empezado a estancarse en la mayoría de los países de ingresos más altos, e incluso se han invertido en varios países, sobre todo en EEUU, donde la tasa de pérdida de salud normalizada por edad ha aumentado en casi un 3% en el último decenio. Los autores creen que los motivos de esta falta de progreso podrían incluir el aumento de las tasas de obesidad, así como una insuficiente cobertura de la prevención del tabaquismo y del tratamiento de la hipertensión y la hipercolesterolemia.

Los autores creen que los motivos de esta falta de progreso podrían incluir el aumento de las tasas de obesidad (Shutterstock)
Los autores creen que los motivos de esta falta de progreso podrían incluir el aumento de las tasas de obesidad (Shutterstock)

El corazón muere joven

El documento cita que las enfermedades cardiovasculares (ECV) siguen siendo una de las principales causas de mortalidad prematura y aumento de los costos de la atención médica. Los factores de riesgo cardiometabólicos, conductuales, ambientales y sociales son los principales impulsores de las ECV. “Un análisis coherente, comparable y sistemático de las tendencias y los patrones a largo plazo de las ECV globales es esencial para orientar las políticas públicas y proporcionar puntos de referencia para los tomadores de decisiones”, sugieren. Comenzando con la cardiopatía isquémica (CI) y el accidente cerebrovascular, este artículo proporciona información sobre la carga de las ECV, incluidas 13 causas subyacentes de muerte cardiovascular y 9 factores de riesgo relacionados a nivel mundial, regional y nacional.

El equipo de trabajo explora las tendencias de las enfermedades cardiovasculares de 1990 a 2019 y examina hasta qué punto el crecimiento y el envejecimiento de la población explican las tendencias observadas, las diferencias de sexo y los patrones regionales, y cómo está cambiando la epidemiología de la enfermedad en sí. Estas tendencias nos muestran en qué parte del mundo la mortalidad y la carga de las ECV están aumentando o disminuyendo y dónde se ha estancado el progreso. Para cada una de las causas que contribuyen a la muerte cardiovascular y los factores de riesgo examinados, identificaron qué regiones y países tienen las estimaciones más altas y más bajas de casos prevalentes y número de muertes, así como medidas resumidas que incluyen el número de años de vida perdidos (AVP), número de años vividos con discapacidad (AVD) y la magnitud y las tendencias temporales de los años de vida ajustados por discapacidad (AVAD). Para cada sección, el artículo también aborda cómo las medidas de resumen de salud y enfermedad discutidas informan las inversiones en investigación cardiovascular, sus implicaciones para la práctica clínica y de salud pública, y las implicaciones para el desarrollo del sistema de salud y la política nacional y regional.

El equipo de trabajo exploró las tendencias de las enfermedades cardiovasculares de 1990 a 2019 (Shutterstock)
El equipo de trabajo exploró las tendencias de las enfermedades cardiovasculares de 1990 a 2019 (Shutterstock)

A nivel de país, las tasas de mortalidad estandarizadas por edad para las ECV totales fueron más altas en Uzbekistán, las Islas Salomón y Tayikistán y las menores en Francia, Perú y Japón, donde las tasas fueron 6 veces más bajas en 2019. Las reducciones en las tasas de muerte estandarizadas por edad, AVAD y AVP, junto con pequeñas reducciones graduales en las tasas estandarizadas por edad para casos prevalentes y AVD, sugieren que el crecimiento y el envejecimiento de la población son los principales impulsores del aumento de las ECV totales .

En 2019, el total de AVAD por ECV fue mayor en hombres que en mujeres antes de los 80 a 84 años. Después de esta edad, el patrón se invierte. Las diferencias de sexo en AVAD son más llamativas entre las edades de 30 y 60 años (hombres mayores) y la edad> 80 años (mujeres mayores). El exceso de muertes por ECV en mujeres a partir de los 80 a 84 años debe centrar la atención en la mortalidad por causas específicas en edades más avanzadas y tiene implicaciones para las estrategias de prevención secundaria.

Las diferencias en el acceso a estrategias eficaces de prevención primaria y secundaria también pueden influir en las diferencias en la carga total de ECV, especialmente en los países de ingresos bajos y medios (PIBM).

Los patrones globales de ECV totales tienen implicaciones significativas para la práctica clínica y el desarrollo de políticas de salud pública. Es probable que los casos prevalentes de ECV totales aumenten sustancialmente como resultado del crecimiento y el envejecimiento de la población, especialmente en África septentrional y Asia occidental, Asia central y meridional, América Latina y el Caribe y Asia oriental y sudoriental, donde la proporción de personas mayores se proyecta que se duplique entre 2019 y 2050. Es necesaria una mayor atención para promover una salud cardiovascular ideal y un envejecimiento saludable a lo largo de la vida . Igualmente importante, ha llegado el momento de implementar estrategias viables y asequibles para la prevención y el control de las ECV y de monitorear los resultados.

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