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sábado, mayo 8, 2021

¿Existe el síndrome poscoronavirus?

Las secuelas de la enfermedad COVID-19 superan la recuperación y se desarrollan independientemente de los casos leves o graves de la patología (REUTERS)
Las secuelas de la enfermedad COVID-19 superan la recuperación y se desarrollan independientemente de los casos leves o graves de la patología (REUTERS) (MARKO DJURICA/)

Al principio de la pandemia, muchas personas creían que el COVID-19 era una enfermedad a corto plazo. En febrero de 2020, la Organización Mundial de la Salud, utilizando los datos preliminares disponibles en ese momento, informó que el tiempo desde el inicio hasta la recuperación clínica para los casos leves era de aproximadamente 2 semanas, y que la recuperación duró de 3 a 6 semanas para los pacientes con enfermedad grave o crítica. Sin embargo, más recientemente, ha quedado claro que en algunos pacientes los síntomas debilitantes persisten durante semanas o incluso meses. En algunos de estos pacientes, los síntomas nunca han desaparecido.

Mientras las afecciones al corazón, que se dan en pacientes sin antecedentes, los pulmones, que pueden quedar completamente irreconocibles, y el cerebro, que sufre falta de oxígeno por su capacidad neuroinvasiva, requieren un seguimiento extendido en el tiempo, pacientes asintomáticos desarrollan nuevos síntomas, que perduran hasta meses después de superar la enfermedad.

Un conjunto de estas consecuencias se ha denominado síndrome pos-COVID-19 y, según el principal epidemiólogo de Estados Unidos, Anthony Fauci, podría llevar 1 año dar con la clave de su extensión y riesgos.

En esta misma línea, el SARS de 2002, de la familia de los coronavirus, también dejó daños crónicos y persistentes en muchos de los recuperados. Con este, el coronavirus actual conocido como SARS-CoV-2, comparte el 80% de su código genético, según una investigación publicada en la revista científica The Lancet. Por ende, muchas de las investigaciones que siguieron casos de SARS hasta unos 8 años después, sirven de referencia para la actual pandemia.

“Al igual que sucedió después del brote de SARS, una parte de los pacientes afectados por COVID-19 desarrolla síndrome post-viral”, ratificaban ya en junio los investigadores de la Universidad de Manchester, Reino Unido.

Para entonces, ya sugerían dar prioridad a examinar la prevalencia de los síntomas relacionados con la fatiga tras la infección con COVID-19, y explorar técnicas de coste relativamente bajo para tratar la fatiga viral, aliviar los síntomas y mejorar la calidad de vida de los afectados.

La enfermedad COVID-19, -aunque muchos síntomas aparezcan en el mismo orden-, no afecta a todos los individuos por igual (REUTERS)
La enfermedad COVID-19, -aunque muchos síntomas aparezcan en el mismo orden-, no afecta a todos los individuos por igual (REUTERS) (AMANDA PEROBELLI/)

Pero, ¿qué es el síndrome pos-COVID-19? La enfermedad COVID-19, -aunque muchos síntomas aparezcan en el mismo orden-, no afecta a todos los individuos por igual. Algunos son asintomáticos, casos leves o graves y, según la edad, manifiestan síntomas diferentes en la detección de la misma. La recuperación y las secuelas persistentes también varían en relación con los casos, independientemente de si han pasado más o menos grave la enfermedad.

Un conjunto de estas secuelas se ha empezado a describir como un síndrome poscoronavirus, que afecta a algunos pacientes incluso meses después de la recuperación. Sin embargo, aún falta consenso en torno a cómo aparece, a quién afecta, por qué y cuánto duran las secuelas.

Por ello, tanto el Instituto Nacional de Salud, Pulmones y Sangre (NHLBI, por sus siglas en inglés) y los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos, como el Instituto Nacional de Investigación en Salud de Reino Unido, han anunciado estudios que siguen en curso.

Sin embargo, investigaciones publicadas en JAMA y British Medical Journal, a expensas de un seguimiento prolongado, sostienen: “El 87,4% de los pacientes informó de la persistencia de al menos un síntoma, particularmente fatiga y disnea. Los pacientes con neumonía extrahospitalaria también pueden tener síntomas persistentes, lo que sugiere que estos hallazgos pueden no ser exclusivos de COVID-19”.

¿Quién puede tener el síndrome pos-COVID-19? “Es una minoría de pacientes, pero todavía estamos hablando de cientos de miles de personas”, manifestó en diálogo con la revista Health Robert Wood Johnson, profesor de medicina en la Escuela de Medicina de Rutgers, Nueva Jersey, Estados Unidos.

El síndrome poscoronavirus lo pueden desarrollar los recuperados de la infección con el nuevo coronavirus SARS-CoV-2, que han contraído la enfermedad tras entrar en contacto con partículas exhaladas cargadas de virus por una persona contagiada. Estos, hasta el momento, parecen ser alrededor del 10% de las personas con COVID-19, especifica Wood.

“Algunos pacientes nunca fueron admitidos en la UCI o siquiera hospitalizados”, confesó a Health la doctora Rebecca Keith, codirectora de la Clínica de Recuperación Respiratoria de National Jewish Health (Denver, EEUU), quien explicita que algunos han desarrollado síntomas completamente nuevos.

Muestras del sarpullido que aparece en la boca de algunos pacientes con COVID-19 (Hospital Universitario Ramon y Cajal de Madrid)
Muestras del sarpullido que aparece en la boca de algunos pacientes con COVID-19 (Hospital Universitario Ramon y Cajal de Madrid)

Algunas de las afecciones típicas de la patología persisten también en el síndrome pos-COVID-19: problemas respiratorios y cardiovasculares, dolor muscular y en las articulaciones, erupciones cutáneas, mareos, confusión, cambios en la visión, depresión y ansiedad, según una encuesta a 1.500 individuos, realizada por la Escuela de Medicina de la Universidad de Indiana, Estados Unidos.

Las dos primeras, relacionadas con los pulmones y el cerebro -sobre todo por falta de aire, fatiga prolongada y dificultad para concentrarse-, son de las más frecuentes y coinciden con la manifestación del anterior SARS: “Se observó un deterioro significativo en la superficie para el intercambio de gases en el 15,5% de los supervivientes. La discapacidad funcional parece desproporcionada con el grado de deterioro de la función pulmonar y puede estar relacionada con factores adicionales como el desacondicionamiento muscular y la miopatía por esteroides”, recoge una de las investigaciones del SARS de 2002, que no llegó a propagarse como el actual coronavirus. En esta, los autores señalaban que la capacidad de ejercicio y el estado de salud de los supervivientes eran considerablemente inferiores a los de la población hasta a los 6 meses de la recuperación.

“No se comprende bien por qué las personas experimentan fatiga, pero es probable que tenga que ver con la desregulación del sistema inmunológico, la inflamación continua en el cuerpo (que se manifiesta en niños como un síndrome poscoronavirus especial, y puede aparecer bruscamente sin indicios) y el daño directo al cerebro o a la médula espinal”, detalló al mismo medio Esther Melamed, profesora asistente de neurología en la Escuela de Medicina Dell de la Universidad de Texas, en Austin, también en EEUU.

No está claro durante cuánto tiempo pueden permanecer estas molestias, ya que la investigación sobre el SARS -que ha servido, hasta ahora, como referencia- desapareció antes de que se desarrollasen tratamientos (REUTERS)
No está claro durante cuánto tiempo pueden permanecer estas molestias, ya que la investigación sobre el SARS -que ha servido, hasta ahora, como referencia- desapareció antes de que se desarrollasen tratamientos (REUTERS) (BENOIT TESSIER/)

Como se ha mencionado con anterioridad, se siguen reportando casos de pacientes, supuestamente recuperados, que tienen síntomas de COVID-19. Pero investigaciones del SARS anterior, de la familia de los coronavirus, da pistas sobre la evolución del mismo. Un estudio de 2011 a 109 pacientes de SARS en Toronto, Canadá, descubrió que la mitad de los afectados no había vuelto al trabajo un año después de salir de la UCI. Mientras, en Hong Kong, otra investigación de 2009 reveló que más del 40% de los pacientes tenían fatiga crónica años después de contagiarse. De hecho, el síndrome post-SARS crónico, asociado al coronavirus anterior, se definía también por fatiga persistente, dolor muscular, debilidad y sueño no reparador.

“Uno puede anticipar -y esto es una predicción- que una parte significativa de la población que trabajaba cuando se contagió del coronavirus podría no volver a trabajar”, explicó a Business Insider Harvey Moldofsky, un profesor de la Universidad de Toronto que estudió a los pacientes de SARS.

En esta misma línea, investigadores italianos han evaluado a 179 pacientes 2 meses después de que mostrasen los primeros síntomas y hallaron que un 44% había perdido calidad de vida. Muchos sufrían aún de fatiga, falta de aliento, dolores musculares y en el pecho. Y, más de la mitad de los supervivientes de Bérgamo, la ciudad que fue el primer epicentro del coronavirus en Italia, siguen sin recuperarse.

No está claro durante cuánto tiempo pueden permanecer estas molestias, ya que la investigación sobre el SARS -que ha servido, hasta ahora, como referencia- desapareció antes de que se desarrollasen tratamientos. De hecho, contó Moldofsky, algunos de los sanitarios salieron y entraron en el hospital durante años. Pero los datos actuales relativos al COVID-19 no permiten esbozar qué está pasando, señala el médico. “Estos números no muestran lo que está pasando”, insistió.

Según el principal epidemiólogo al frente de la pandemia en EEUU, Anthony Fauci, puede tomar hasta 1 año identificar si hay consecuencias a largo plazo a la infección -más si los números de contagio siguen alcanzando cifras récords globales-.

Además, dado que algunos pacientes prácticamente asintomáticos o casos leves desarrollan nuevos síntomas, la doctora Keith puntualizó que se tendrá que analizar a los pacientes en su totalidad. Es decir, con todo su historial clínico, lo que dificultaría un tratamiento generalizado. “Supongamos que tuvo una tos crónica durante años relacionada con el drenaje nasal o el reflujo y se controló. Si el COVID-19 exacerbó la sensibilidad de las vías respiratorias superiores, es posible que tengamos que regresar y tratar esos problemas subyacentes nuevamente”.

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